miércoles, 28 de agosto de 2013

Cuento: El ladrón de energía.


Él era  como Drácula, con la diferencia que en vez de sangre extraía energía, ella era una muchacha llena de alegría, entusiasta y de fe.

Él era un ser gris, triste, depresivo, lleno de problemas, algunos reales, otros inventados por su imaginación.

Se conocieron por esas casualidades del destino y él antes que todo le comenzó a robar su corazón.

Ella compartía feliz sus días con él, poniendo toda su fe en esa relación,  entregándole la paz, alegría y felicidad que él necesitaba, pero el ladrón de energía estaba haciendo su trabajo y cada día ella se iba desgastando, ya no estaba tan alegre, su entusiasmo por la vida disminuía.

Así llegó el día en que ella sufría en la desconfianza se aferraba a esa relación, pero él ya había encontrado quien le abasteciera de energía nueva y sin ninguna contemplación la dejó, la dejó sin energías, sin alegría, sin entusiasmo y sin fe.  

Hubo algo que él no pudo robar, sus seres queridos, sus amistades quienes comenzaron a convidarle energía, esto más la porfía de ella comenzaron a hacer el trabajo, armar un corazón roto, encontrar nuevamente alegría, entusiasmo y por sobre todo recuperar la fe.

Y una mañana ella se levanto de cara al mundo y a la vida, se reinventó y comenzó a tener nuevas experiencias.

Ahora es algo más desconfiada de las personas no sea cosa que entre ellas se encuentre nuevamente con un ladrón de energía.

Cuento: Miguel llega a la ciudad.



Baja del bus proveniente del sur poniendo cara de citadino, viene a hacer algunas compras a la capital.   Toma el metro y su cara va cambiando, parece que equivocó la dirección del tren, no se atreve a preguntar, para que no noten que no es de la ciudad, disimuladamente mira el plano de las estaciones y se baja en la siguiente.  Feliz cambia de andén, parece que nadie se ha dado cuenta de que no es de Santiago pero aun así nota que lo miran demasiado, ¿Qué será?,  está cansado, se sienta y acomoda la gallina en el canasto. 

Cuento: Amantes con reloj.



Entre las estaciones había diez minutos de recorrido, ese era el trayecto para reunirse en las noches.  Ambos se enviaban previamente un mensaje en el celular.  Se reunían una o dos veces por semana en uno de los departamentos,  el de ella o el de él, para recorrerse el uno al otro por unas horas, la ciudad se va durmiendo mientras ellos se olvidan del ruido externo y se pierden en la inmensidad de ambos cuerpos unidos en un desorden de piel y sábanas.  Termina el encuentro, el regreso en taxi es de quince minutos.

viernes, 16 de agosto de 2013

Poema: Dime.

Dime, ¿Quién eres?
¿Qué haces cada día?
¿Visitas a otras mujeres?
¿Qué golpes te dió la vida?
Dime, ¿Cuánto te gusto?
regalame una sonrisa
cuentame tus tormentos
prodigame más caricias.
Dime, ¿Por qué la luna nos ilumina?
enseñame a entregar afectos
ven a mi encuentro con premura
contigo vivo buenos momentos.
Dime, ¿cuáles son tus desvelos?
¿Qué causa tu corazón agita?
relatame tus anhelos, tus sueños
¿Cuál es tu fragancia favorita?

Poema: Si tan solo pudiese saber.

Si tan solo pudiese saber
por qué pienso en tí
das vueltas en mi mente
deseo tu rostro ver.
Si tan solo pudiese saber
que pretenden de mi tus labios
los acercas a mi rostro
mi corazón haces remecer.
Si tan solo pudiese saber
que estas sólo como yo
y algún día me dijeras
que necesitas mi querer.
Si tan solo pudiese saber
lo que no sé de tí
lo que anhelas, lo que sientes
lo que no logro saber.