Entre las estaciones había diez minutos de recorrido, ese era el trayecto
para reunirse en las noches. Ambos se
enviaban previamente un mensaje en el celular.
Se reunían una o dos veces por semana en uno de los departamentos, el de ella o el de él, para recorrerse el uno
al otro por unas horas, la ciudad se va durmiendo mientras ellos se olvidan del
ruido externo y se pierden en la inmensidad de ambos cuerpos unidos en un
desorden de piel y sábanas. Termina el
encuentro, el regreso en taxi es de quince minutos.
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