Él era como Drácula, con la diferencia que en vez de
sangre extraía energía, ella era una muchacha llena de alegría, entusiasta y de
fe.
Él era
un ser gris, triste, depresivo, lleno de problemas, algunos reales, otros
inventados por su imaginación.
Se conocieron
por esas casualidades del destino y él antes que todo le comenzó a robar su
corazón.
Ella
compartía feliz sus días con él, poniendo toda su fe en esa relación, entregándole la paz, alegría y felicidad que
él necesitaba, pero el ladrón de energía estaba haciendo su trabajo y cada día
ella se iba desgastando, ya no estaba tan alegre, su entusiasmo por la vida
disminuía.
Así
llegó el día en que ella sufría en la desconfianza se aferraba a esa relación,
pero él ya había encontrado quien le abasteciera de energía nueva y sin ninguna
contemplación la dejó, la dejó sin energías, sin alegría, sin entusiasmo y sin
fe.
Hubo algo
que él no pudo robar, sus seres queridos, sus amistades quienes comenzaron a convidarle
energía, esto más la porfía de ella comenzaron a hacer el trabajo, armar un
corazón roto, encontrar nuevamente alegría, entusiasmo y por sobre todo
recuperar la fe.
Y una
mañana ella se levanto de cara al mundo y a la vida, se reinventó y comenzó a
tener nuevas experiencias.
Ahora es
algo más desconfiada de las personas no sea cosa que entre ellas se encuentre
nuevamente con un ladrón de energía.
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