...Hace unos días caminaba por el centro y me fijé que había una niña de unos 17 años, llorando muy triste apoyada al lado de un local comercial, se golpeaba su frente en la muralla, todos pasaban la miraban y seguían su camino, algo en mí me hizo detenerme y acercarme, me ví reflejada en ella, con pena, sola, le tomé su brazo y le pregunte si le había pasado algo, si podía ayudarla, me dijo que no con la cabeza y ahí noté que hablaba al celular, esperé a que cortara mientras veía que se tranquilizaba un poco, luego de que cortó me abrazó y lloró en mi hombro, sin que le preguntará me contó que era el día de su graduación y sus padres no querían ir, sentí su pena como mía, algo en mi alma se remeció, ¿cómo yo que estaba teniendo problemas más grandes podía estar tratando de entregar consuelo?, le acaricié el cabello le dije que todo estaría bien, me miró me sonrió, dijó que estaría bien que subiría al segundo piso por que ahí trabajaba su mamá, me dió las gracias, nos abrazamos y ambas nos dijismos al mismo tiempo: todo estará bien. Todos tenemos problemas, unos más grandes unos más pequeños (según de quien lo mire), pues para uno cuando los sufré todos los problemas son del mismo tamaño. Pero me ha hecho cuestionarme ¿porqué acallar los sentimientos?, Habemos tantos que caminamos sin mirar para el lado, sin dar una sonrisa, un gesto, no todo el mundo es malo.. aún hay niñas que lloran solas y necesitan sólo un abrazo, y a pesar de que uno pueda estar mal aún así puede ser el consuelo de otro. Espero que los padres hayan ido a la graduación de esta joven, me gustaría volver a verla para agradecer la oportunidad que me dió de consolarla cuando yo estaba más inconsolable que ella.
cuentos, historias, la vida misma
miércoles, 11 de diciembre de 2013
viernes, 6 de diciembre de 2013
Una canción de infancia
Cuando era una niña y me pasaban cosas tristes me iba por un tocadisco pequeño que nos dejaban usar, y ponía esta canción, a veces estaba muy mal llorando desconsoladamente, pero en el coro de la canción bailaba y giraba con mi vestido aunque en cada vuelta caían las lágrimas, terminaba contenta.... algunas cosas deberían seguir teniendo el mismo efecto....
http://www.youtube.com/watch?v=cHRfmX3oF0Q
Te quiero papá
Papá:
Cuando era pequeña me llevaste en tu bicicleta a pasear, ibamos al hipodromo y si el caballo al que le apostabas ganaba nos tomabamos una bebida. Me tomaste en brazos hasta que mi peso ya no pudo soportarlo tu espalda. Me enseñaste a marchar, a ser arquero en baby futbol, a usar herramientas "de hombre", me dejaste intrusear cuando reparabas el auto. Los dos hemos cometido errores, y quizás tarde nos estamos volviendo a reencontrar como cuando yo era una niña, quizás estas pasando más preocupaciones por mi que en ese entonces. Sólo quiero decir que lo admiro por muchas cosas: por surgir de la nada a punta de esfuerzo, por soñar y hacer que esos sueños se hagan realidad, por hacer cosas por los demás, aún cuando algunos hablaban mal de tí los ayudaste muchas veces desde el anonimato, eres mi heroe por que salvaste a la vecina del incendio, y tus manos, que eran el sustento de la familia quedaron quemadas. Te admiro por que aprendí a valerme sola, aunque últimamente te he fallado. Admiro que respete la partida de la mamá y la fuerza con la que conlleva esta perdida día a día. Y por sobre todo por que si bien no es de los que van a la iglesia todos los domingos, tiene más fé que todos ellos juntos. Siempre recuerdo su frase Dios está conmigo por eso no tengo miedo. Todo esto para decirle aquí publicamente, que si bien usted no es perfecto vale oro y yo LO QUIERO MUCHO!!!!!!
domingo, 29 de septiembre de 2013
Poema: Esta pena mía.
Esta pena mía
no tiene importancia,
sólo es la tristeza de una melodía
y el último ensueño de alguna fragancia.
Que todo se muere,
que la vida es triste,
que nunca vendrías por más que te espere,
que ya no me quieres como me quisiste....
no tiene importancia...
y soy razonable;
no puedo pedirte ni amor ni constancia
¡si es mía la culpa de no ser tan variable!
¿Qué valen mis quejas
si no las escuchas,
y qué mis caricias, desde que las dejas
quizás despreciadas porque fueron muchas?
Si esta pena mía
no es más que el esnueño de alguna fragancia,
no es más que la sombra de una melodía...
ya vez que no tiene ninguna importancia.
(Poema de Pedro Miguel obligado)
miércoles, 28 de agosto de 2013
Cuento: El ladrón de energía.
Él era como Drácula, con la diferencia que en vez de
sangre extraía energía, ella era una muchacha llena de alegría, entusiasta y de
fe.
Él era
un ser gris, triste, depresivo, lleno de problemas, algunos reales, otros
inventados por su imaginación.
Se conocieron
por esas casualidades del destino y él antes que todo le comenzó a robar su
corazón.
Ella
compartía feliz sus días con él, poniendo toda su fe en esa relación, entregándole la paz, alegría y felicidad que
él necesitaba, pero el ladrón de energía estaba haciendo su trabajo y cada día
ella se iba desgastando, ya no estaba tan alegre, su entusiasmo por la vida
disminuía.
Así
llegó el día en que ella sufría en la desconfianza se aferraba a esa relación,
pero él ya había encontrado quien le abasteciera de energía nueva y sin ninguna
contemplación la dejó, la dejó sin energías, sin alegría, sin entusiasmo y sin
fe.
Hubo algo
que él no pudo robar, sus seres queridos, sus amistades quienes comenzaron a convidarle
energía, esto más la porfía de ella comenzaron a hacer el trabajo, armar un
corazón roto, encontrar nuevamente alegría, entusiasmo y por sobre todo
recuperar la fe.
Y una
mañana ella se levanto de cara al mundo y a la vida, se reinventó y comenzó a
tener nuevas experiencias.
Ahora es
algo más desconfiada de las personas no sea cosa que entre ellas se encuentre
nuevamente con un ladrón de energía.
Cuento: Miguel llega a la ciudad.
Baja del bus proveniente del sur poniendo cara de citadino, viene a hacer
algunas compras a la capital. Toma el
metro y su cara va cambiando, parece que equivocó la dirección del tren, no se
atreve a preguntar, para que no noten que no es de la ciudad, disimuladamente mira
el plano de las estaciones y se baja en la siguiente. Feliz cambia de andén, parece que nadie se ha
dado cuenta de que no es de Santiago pero aun así nota que lo miran demasiado,
¿Qué será?, está cansado, se sienta y
acomoda la gallina en el canasto.
Cuento: Amantes con reloj.
Entre las estaciones había diez minutos de recorrido, ese era el trayecto
para reunirse en las noches. Ambos se
enviaban previamente un mensaje en el celular.
Se reunían una o dos veces por semana en uno de los departamentos, el de ella o el de él, para recorrerse el uno
al otro por unas horas, la ciudad se va durmiendo mientras ellos se olvidan del
ruido externo y se pierden en la inmensidad de ambos cuerpos unidos en un
desorden de piel y sábanas. Termina el
encuentro, el regreso en taxi es de quince minutos.
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