Íbamos a Contulmo de vacaciones, mi papá la Bero y yo, específicamente disfrutaríamos de las semanas Contulmanas.
En esos años el trayecto de Santiago a Contulmo demoraba unas doce horas, y sólo se podía viajar de noche.
Habíamos subido al bus y tomado nuestras ubicaciones, la Bero se sienta al lado de mi papá y yo quedo sentada sola al lado de la ventana, eso hasta que subió un desconocido varón, al rato diviso entre los pasajeros a Tito Fernández (El Temucano).
Espero que avance por el pasillo y le comento a mi papá y a la Bero “viene Tito Fernández en el bus, quizás a donde va"; ellos miran pero no logran identificarlo, mi papá me dice seguramente te has confundido.
Me puse mis audífonos y me fui escuchando música, mientras mi papá comía galletas, él no duerme durante estos viajes, yo creo que es la ansiedad de visitar su ciudad natal, mientras la Bero entornaba sus ojos con el fin de dormir.
Durante la madrugada mi papá ya inquieto de ir tanto tiempo sentado se pone de pie en el pasillo, al rato lo consume la intriga y se dirige caminando hacia la parte de atrás del bus, yo me enderezo a observar y va directo a donde Tito Fernández que cara hacia arriba yace dormido. Mi papá lo mira de cerca me levanta su pulgar y regresa “es Tito Fernández” me dice. La Bero que escucha la conversación agrega, no, no es como se les ocurre que viaja en bus, ha de ser alguien parecido.
Yo me coloco la chaqueta sobre mí y logro dormitar unas horas mientras mi papá sigue haciendo sonar sus galletas consumiéndolas una a una, de pronto siento que alguien tira de mi chaqueta, es el señor de al lado que está sintiendo frío y tira de ella insistentemente para arroparse, primero comienzo a tratar de rescatarla sutilmente pero él, inmerso en su sueño, al parecer cree que la chaqueta es su cobija y sigue tironeando, obviamente yo no dejaría que se apropiara de ella por lo que de un solo tirón fuerte me la quedo, él despierta se hace el que ha tenido una pesadilla, me lanza una mirada de pocos amigos, se gira y ya ronca nuevamente.
Ya es de día, hemos llegando a Contulmo en medio de una lluvia torrencial, comienzan a bajar los pasajeros la Bero se para de su asiento en el preciso momento que pasa Tito Fernández con su guitarra, mi hermana no reacciona a tiempo y recibe un guitarrazo en la cabeza, sin que el propietario de esta se percate, a pesar de que el golpe fue bastante fuerte.
Y baja el cantante del bus y la Bero sobándose la cabeza dice: “es Tito Fernández”.
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